Casos Salud – Combustión espontanea



En 1635 se solicitó al consejo de la Universidad de Copenhague que juzgara un asunto forense difícil. Un campesino danés llamado Pe-ter Pederson había muerto y se dijo que la causa de su muerte fue la ingestión de excesivas cantidades de alcohol. Esta conclusión fue cuestionada, al parecer, por algunos jueces ilustrados, quienes no creyeron que fuera posible que una persona se embriagara hasta morir sin que ocurriera una combustión del cuerpo. El veredicto de los profesores universitarios, firmado y sellado el 19 de diciembre de 1635, fue que tal vez hubiera sido posible para un hombre morir por exceso de alcohol aunque la llama de la combustión espontánea no se hubiera visto brotar de su boca y aunque sus labios no hubie-ran sido quemados por el fuego.

Sin embargo, escribió también una monografía sobre el unicornio y sus usos medicinales, y en las oscuras páginas en latín de su colección de 600 hallazgos anatómi-cos curiosos e informes de casos pueden encontrarse los relatos más asombrosos. Bartholin escribió sobre el parto por la boca, trillizos siameses con cabezas de animales. y una saca preñada con 40 perri-tos. Digamos, benévolamente, que tenía una tendencia a la creduli-dad. y su gran interés por los monstruos y los casos extraños en oca-siones era más fuerte que él. Thomas Bartholin era, además, un firme partidario de la teoría de la combustión humana espontánea. Afirmaba que no iba en contra de la experiencia ni de la razón que las cantidades excesivas de licores fuertes pudieran incendiar el es-tómago y señalaba varios informes de casos. Uno de ellos le fue en-viado por su viejo amigo el profesor Moreau de París. En otro, to-mado de una obra oscura de Everhard Vorstius, un caballero polaco que vivió en el reinado de la reina Bona Sforza. había ingerido dos botellas grandes de "aguardiente de vino"; de repente empezó a vo-mitar llamas y se quemó hasta morir. Sturmius, de más edad, des-cribió el caso de tres nobles de Curlandia que en una fiesta sólo para hombres bebieron hasta quedar casi inconscientes. Repentina-mente brotaron llamas de los estómagos de dos de ellos y murieron. Se desconoce la suerte del tercer noble caballero, pero si logró so-brevivir al peligro de arder espontáneamente y a la cruda subsi-guiente cs probable que sus hábitos se volvieran mucho más mode-rados.

Tres años después Thomas Bartholin describió un caso más de combustión espontánea, esta vez ocurrido en su Copenhague natal. Un profesor estuvo en una taberna toda la noche bebiendo vodka fuerte sin descanso con sus amigos hasta que una llamarada brotó de su boca con tal fuerza que le fue imposible hablar. Sus amigos, borrachos también, lograron apagar la llama vertiendo agua sobre él y cl hombre sobrevivió. El profesor quedó bastante asustado por este horripilante incidente y decidió volver a pie hasta su casa que se encontraba en una calle cercana: pero en el camino cayó muerto de repente. En sus comentarios sobre la extraña muerte de ese pro-fesor beodo Thomas Bartholin añadía que con frecuencia había vis-to grupos de campesinos borrachos, fuera de las murallas de Co-penhague, siempre tendidos boca arriba y con la boca abierta para dejar que la llama espontánea brotara de sus bocas sin trabas, de suerte que no los ahogara o los quemara. En 1673, un sobrino de Bartholin, Oliger Jacobaetts, describió otro caso de muerte ardiente: una anciana de París, tan aficionada al licor fuerte que casi no había ingerido otra cosa durante dos años y que fue hallada totalmente incinerada. Sólo su cráneo y las puntas de sus dedos quedaron sin consumir.

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